CRÓNICAS: La Corte Penal Internacional y sus Atribuciones
CRÓNICAS: La Corte Penal Internacional y sus Atribuciones
Por: Lucía P. de García
Toronto.- Puede decirse que la Corte Penal Internacional (CPI) es una organización que nació de la necesidad de un máximo tribunal de justicia para el mundo. Se gestó cuando Europa era el centro político, cultural, económico e industrial del planeta. Bélgica, Portugal, Francia y Gran Bretaña poseían tierras en todos los continentes, Alemania, algunos territorios en África. Se modernizaban Rusia, naciones balcánicas, imperios otomano y austrohúngaro. Se consolidaba el nacionalismo. La prensa incitaba defenderse de un enemigo que nadie podía identificar con claridad.
El asesinato del archiduque Francisco Fernando en junio de 1914 detonó la Primera Guerra Mundial. Por América participaron: Canadá por su nexo con el Imperio Británico, Estados Unidos que se incorporó en 1917 y Brasil que casi no actuó.
Al terminar la conflagración en 1918, se contaron 6 millones de muertos civiles, 10 millones de militares, miles de desaparecidos, heridos y mutilados. El planeta se horrorizó. Para evitar un conflicto similar, en 1919 se creó la Sociedad de Naciones.
De la Europa en Gran Depresión emergieron personajes que controlaron los medios de comunicación, suprimieron libertades, exigieron se les rindiera culto. Desconfianza y afán armamentista incidieron para que ciencia y grandes sumas de dinero se destinaran al belicismo. Así, todos armados y equipados esperaron la guerra. Llegó en septiembre de 1939, cuando Hitler ordenó la invasión de Polonia.
Divididos en dos bandos se enfrentaron, por las potencias del EJE: Alemania, Italia, el Imperio de Japón. Por los Aliados: Polonia, Reino Unido, Francia, Unión Soviética, China. En 1941 se sumaron Estados Unidos y otras 50 naciones.
Nuestra Madre Tierra, nuestros bosques, nuestros ríos, nuestros mares, nuestro aire fueron los primeros en ser violentados por el fuego de las armas y la lucha fratricida.
El conflicto terminó en agosto de 1945, cuando Estados Unidos lanzó sobre Japón las bombas atómicas que destruyeron las ciudades de Hiroshima y Nagazaki. En la una murieron 70.000 personas, en la otra 80.000. Quienes se salvaron sufrieron los efectos de radiación, quemaduras, cáncer y otros males que iban apareciendo, se calcula que por aquellos motivos deben haber muerto más de 200.000 personas.
El Holocausto nazi cobró la vida de más de 6 millones de judíos. Gitanos, eslavos y otros grupos humanos contabilizaron 500 millones. Entre civiles y militares fallecieron 75 millones. Impacta conocer que el total de muertos en todos los continentes equivale al 2,5% de la población mundial de entonces.
La magnitud de los crímenes hizo imprescindible juzgar y castigar a los autores, con ese propósito se crearon los tribunales internacionales de Núremberg y Tokio.
En octubre de 1945 Estados Unidos, Unión Soviética, Reino Unido, Francia, China y otras naciones ratificaron la Carta de creación de la Organización de Naciones Unidas (ONU), se confiaba que dicha entidad aboliera cualquier opción de guerra.
Años después, cuando en el ámbito internacional se desarrollaban los derechos humanos y el derecho penal, entre 1991 y 1995 se dio el genocidio yugoslavo y en 1994 el ruandés. Entonces se avivó la intención de crear un ente de justicia internacional permanente e independiente, con facultad de perseguir, juzgar y condenar los crímenes de guerra, de lesa humanidad, de genocidio.
En julio de 1998 Plenipotenciarios de la ONU se convocaron en Roma, y en Conferencia Diplomática apoyada con 127 votos aprobaron el Estatuto de Roma. No lo hicieron Estados Unidos, Israel, Rusia, China, India.
El Estatuto de Roma dio nacimiento a la Corte Penal Internacional (CPI). La Asamblea General de la ONU ratificó lo actuado, y el 1 de julio de 2002 la Corte Penal Internacional inició sus funciones estableciéndose en la Haya, Países Bajos.
Desde 2002 la CPI ha juzgado a quienes han sido acusados de cometer crímenes que nunca prescriben: guerra, agresión, genocidio, lesa humanidad. La CPI no interviene en la justicia penal de los diferentes países, actúa cuando la realidad evidencia que sólo aparentan hacerlo.
Ni militares, ni jefes de Estado, nadie por poderoso que sea tiene inmunidad ante la CPI. Son las víctimas, familiares y testigos quienes tienen derecho a ser escuchados, amparados, asistidos por abogados de la Corte, recibir asistencia humanitaria, ayuda económica, reparaciones, participar en los procedimientos de juzgamiento.
En la actualidad se puede ver que en varias partes del mundo están emergiendo nuevas formas de intolerancia entre seres humanos, incitaciones de ciertos mandatarios al “exterminio total de los pueblos”, culto al hedonismo y al dinero.
Nuestra Madre Tierra, tan cariñosa y generosa con la humanidad, sigue siendo víctima de la destrucción de bosques, ríos, mares, aire, producidos por las guerras fratricidas. Sus entrañas se convulsionan, sus venas cual ríos están contaminadas, sufre escalofríos que desatan terremotos o calenturas que pronostican su final.
Los hacedores de conflictos prefieren ignorar estos síntomas, y con apoyo de ciertos medios de comunicación auspician narrativas de enemigos que nadie identifica con claridad pero aseguran se debe enfrentarlos. Para defendernos alientan se adquieran armas, que ciencia y dinero se destinen al armamentismo. Aquellos personajes suprimen libertades, asesinan reputaciones, exigen obediencia y rendición de culto.
No acatan los llamados a la paz de Naciones Unidas, no valoran sus esfuerzos para un desarrollo mundial sostenible, sus exhortos a participar en acciones climáticas que eviten el calentamiento global. No les importa la preocupación de todo el planeta ni el posible juicio y castigo de la Corte Penal Internacional, sólo quieren que todos, armados y equipados, aguardemos la llegada de la Tercera Guerra Mundial…

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