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  • August 30, 2026 , 08:01am

Dani Bensky, superviviente de Epstein: “Estados Unidos ha fallado estrepitosamente en este caso”

Dani Bensky, superviviente de Epstein: “Estados Unidos ha fallado estrepitosamente en este caso”

 

  • La neoyorquina, víctima con 17 años del financiero pederasta y compinche del de la Casa Blanca, denuncia que el Departamento de Justicia obstaculiza la investigación

 

Desde que era niña, Dani Bensky (39 años, Nueva York) soñaba con subirse a un escenario y actuar. Le apasionaba el ballet.

Pero a los 17 años, su camino se cruzó con el del financiero pederasta Jeffrey Epstein, que, dicen, se suicidó hace siete años en prisión. Ahora, tras la polémica gestión de los archivos del caso Epstein por parte del Departamento de Justicia y el nombramiento como fiscal general del responsable de supervisar su divulgación, Todd Blanche, Bensky lucha para obtener justicia para ella y para las miles de supervivientes del multimillonario. “Estados Unidos ha fallado estrepitosamente en este caso”, afirma en una entrevista por videollamada desde Nueva Jersey, donde reside.

Epstein encabezó una de las mayores redes de abuso y tráfico sexual de niñas y jóvenes conocidas hasta la fecha. El año pasado, las dos Cámaras del Congreso estadounidense aprobaron por unanimidad una Ley de Transparencia de los Archivos de Epstein, que obligaba al Departamento de Justicia a hacer públicos los documentos no clasificados relacionados con el caso. Desde entonces, han salido a la luz cerca de la mitad de los seis millones de archivos en manos del Gobierno, que desvelan las relaciones del pederasta con numerosas personalidades, del actual presidente de EE UU, Donald Trump, a la ya reina consorte de Noruega, Mette-Marit.

Para Bensky, todo se remonta a 2004. Se había marchado de su casa familiar y buscaba soluciones que le permitieran seguir bailando. “Deberías ir a ver a Jeffrey”, le sugirió una chica que había conocido. “Es un tío mayor del [barrio] Upper East Side [en Manhattan]. Podrías ganar entre 200 y 300 dólares solo por darle un masaje”. Bensky recuerda cada detalle: “Al principio estaba muy preocupada, confundida y le pregunté qué tenía que hacer. Me dijo: ‘Solo tienes que ir y darle un masaje, y sabes trabajar muy bien el cuerpo porque eres bailarina. No te resultará nada extraño”. Sin saber lo que sucedería a puerta cerrada, Bensky se decidió a conocerle.

Visitó la mansión del número 9 de la calle 71 Este con una amiga: “La primera vez que fuimos, fue realmente un masaje. [Epstein] no paraba de hablar, nos bombardeaba a preguntas sobre dónde estaba nuestra familia, con quién vivíamos, cuáles eran nuestros sueños…”. La siguiente vez que volvió, el plan de Epstein siguió su curso. “Me retenía allí hablándome de ballet y de música clásica. Fue una manipulación lenta”, lamenta. Con el tiempo, reconoce que su pasión se convirtió en su principal arma contra ella: “Me decía: ‘Si quieres que te ayude en tu carrera, que te dé un espacio en el estudio, que te regale unas zapatillas de punta, que te presente al director del American Ballet Theatre… Veamos tu cuerpo”.

En la mente de la joven Bensky, que ya de pequeña había asistido a clases particulares de ballet en las que su cuerpo a menudo fue objeto de inspecciones, no había razones para desconfiar. “Me decía que me desnudara y luego me examinaba, pero siempre era como una clase. Después venían los masajes que también eran como una clase y acababan de una forma bastante inapropiada. Yo siempre pensaba ‘es Jeffrey haciendo lo que Jeffrey hace”.

Regresó a casa cuando a su madre le descubrieron un tumor cerebral: “Sabía que Jeffrey se había dedicado a la medicina. Pensaba que su dinero venía de eso. [En la mansión] una escultura de un cerebro me llamó la atención. Pensé que quizá era neurocirujano”. Le llevó los resultados de los exámenes de su madre, creyendo que el hombre en el que entonces confiaba podría ayudarla: “Quería que reclutara más chicas para él, lo que nunca hice, y amenazó a mi madre. Dijo que podía asegurarse de que el mejor especialista se encargara de atenderla”, detalla. Del siguiente encuentro recuerda la agresividad. “Abusó de mí, me agarró con fuerza”. Cuando cumplió la mayoría de edad, Epstein redobló sus amenazas: “Me dijo: ‘Ahora eres una prostituta”. La joven apostó por el ballet como vía para escapar a su pesadilla, pero pronto la carga emocional le resultó insoportable y lo dejó.

 

Dani Bensky, fotografiada en Nueva York, el jueves.                    Foto Corrie Aune

 

Los abusos se prolongaron durante un año, hasta 2005, cuando su madre fue operada: “[Epstein] ya no tenía ningún poder sobre mí. Dejé de contestarle las llamadas y simplemente desapareció”. Pasaron tres años sin que supiera nada de él. En 2008, con el primer arresto del pederasta, el FBI la citó a comparecer como víctima: “Fue un interrogatorio, más que una entrevista amable. No tuve abogado especializado en derechos de las víctimas ni ningún tipo de letrado que me acompañara. Tampoco hubo ningún sistema de apoyo”.

En un principio declaró, pero las advertencias de su amiga de que Epstein la había estado siguiendo hicieron que al final lo negara todo. Aun así, Bensky nunca logró realmente deshacerse de su agresor: una visita del FBI a su casa en 2019, antes de que se presentara la acusación contra Epstein por tráfico sexual, la arrastró de nuevo a su pasado. Ese mismo año, el multimillonario pederasta se suicidó en prisión.

En 2024, Bensky presentó una demanda contra dos de los principales colaboradores de Epstein: su abogado, Darren Indyke, y su contable, Richard Kahn, administradores del patrimonio del financiero desde su muerte. Ambos siguen en libertad. La víctima denuncia que la Ley de Transparencia de los Archivos Epstein, firmada por Trump, que fue también amigo del pederasta, no ha llevado a nadie más a ser investigado en EE UU. La única conspiradora del financiero que se encuentra en la cárcel es Ghislaine Maxwell, su exnovia. “Se han hecho públicos tres millones de documentos [de los seis millones existentes] y no hay ni una sola investigación ni acusación”, lamenta.

La gestión de los papeles del pederasta por el Departamento de Justicia no ha hecho más que abrir una nueva herida para las víctimas, por la publicación de sus datos personales. “El caso Epstein ocurrió hace mucho tiempo y hay mucho que investigar; sin duda, hay culpables que deben acabar entre rejas. Pero hay otro delito que se está cometiendo ahora mismo, que es la actuación del Departamento de Justicia”, señala esta superviviente.

Su nombre completo, entre otros datos personales, salieron a la luz en nueve ocasiones, mientras que el de algunos miembros de la telaraña de Epstein siguen tachados. Otras víctimas denuncian haber aparecido hasta 500 veces. Blanche, que recientemente asumió el puesto de fiscal general pero que en el momento de la divulgación de los documentos era vicesecretario de Justicia, fue el encargado de supervisar el proceso.

“Nuestro Gobierno ha difundido, básicamente, material pornográfico por todo el mundo y alguien debe rendir cuentas por ello”, insiste Bensky, que testificó ante la Comisión Judicial del Senado. Sobre Trump, afirma tener opiniones “contradictorias”: “Nunca fui víctima suya, pero sí creo que debe de saber algo. Y el hecho de que hayan tomado tantas medidas para proteger su nombre es realmente problemático. Tiene que hablar de lo que sabe”.

 

Dani Bensky, en una foto de cuando era adolescente, tomada en torno a la época en que sufrió los abusos. Foto Corrie Aune

 

“Ambos partidos [demócrata y republicano] parecen entender que se trata de una cuestión de derechos humanos, no de una cuestión política”, defiende Bensky. “El propio partido [republicano] de Blanche está diciendo: ‘Sí, hay cosas que hay que abordar”, defiende.

Ahora, junto a sus “hermanas supervivientes”, como llama a algunas de las víctimas de Epstein, abogan por un cambio: “Queremos que se apruebe la ley de Virginia [que homenajea a la fallecida Virginia Giuffre, la superviviente más mediática del caso contra el financiero]”, un proyecto de ley que garantiza el acceso a la justicia para víctimas, sin importar el tiempo transcurrido.

Mientras, Bensky, madre de un niño pequeño y profesora de danza contemporánea, sana poco a poco sus heridas: “Odio haber conocido a muchas de mis personas más queridas a través de Epstein, pero estas chicas son mágicas. Espero que llegue un momento en el que todo entre en armonía”.

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