De la Espriella, un mes de presidente en campaña permanente
De la Espriella, un mes de presidente en campaña permanente

Abelardo de la Espriella en Pereira (Colombia), el 28 de agosto. Foto Juan Diego Cano (Presidencia de Colombia)
- En sus primeros 30 días, el mandatario de Colombia gobierna a punta de símbolos, desde la emergencia del terremoto a la inseguridad
Abelardo de la Espriella no tiene ningún miedo a la provocación. Al contrario: el presidente de Colombia se crece ante sus críticos.
La imagen más comentada de la semana pasada ha sido la de él, vestido de verde oliva, caminando entre cadáveres de supuestos delincuentes abatidos en un operativo militar. Un presidente mostrando bolsas blancas como una advertencia. Dos días después y pese a la avalancha de cuestionamientos por usar la muerte como un trofeo, volvió a aparecer el viernes ante otro grupo de cuerpos envueltos como embutidos. Sus mensajes no admiten muchos matices.
De la Espriella cumple este lunes un mes al mando de Colombia. Ha sido un arranque lleno de símbolos, de mano dura, de mensajes controlados al milímetro y sin preguntas de los periodistas. Un mes en el que ha quedado claro que en su gobierno conviven dos almas: la religiosa, que prioriza la batalla cultural y el cuestionamiento de derechos ya conquistados como el aborto, y la tecnócrata. Y que esta segunda, liderada por su vicepresidente José Manuel Restrepo, va perdiendo el pulso, según se oye en los corrillos políticos y económicos de Bogotá.
Mientras gestiona todo ello, De la Espriella sigue vestido con el traje de candidato. “En realidad, está peleando por ser popular y todo lo que está haciendo lo sigue haciendo como si aún estuviese en campaña”, resume el abogado y analista Héctor Riveros.

Abelardo de la Espriella presenta a criminales abatidos en Riohacha (Colombia), el 4 de septiembre. Foto Presidencia de Colombia (EFE)
No ha sido un estreno fácil, porque comenzó su primer día laborable como presidente enfrentando las consecuencias de un terremoto que ha dejado más de 300 fallecidos y unos daños incalculables en cuatro regiones del país. Su estrategia fue la de viajar al terreno, reunirse con sus alcaldes, sus gobernadores y sus vecinos. Tomó rápidamente las riendas, aunque con decisiones polémicas como aceptar solo la ayuda internacional de sus aliados ideológicos o canalizar las donaciones privadas a la fundación de su esposa, a quien ha puesto al frente de la ayuda humanitaria a los damnificados. “El terremoto fue la prueba ácida para pasar de la performance a la ejecución. Y están por verse los resultados”, mantiene la periodista y escritora María Elvira Samper.
Superada la emergencia de los primeros días después del sismo, De la Espriella se centró en una de las mayores preocupaciones de los colombianos: la inseguridad. La mitad de los electores confió en él porque prometió acabar con la criminalidad que mantiene secuestrados a millones de colombianos y esta ha sido una enorme oportunidad para desplegar sus símbolos: el traslado de presos, el vestirse de verde, el saludo militar constante, la comparecencia ante los muertos.
La mano dura ha fulminado inmediatamente las mesas de diálogo con los grupos criminales que mantuvo Gustavo Petro y prometen ataques sin tregua que están siendo ya respondidos con atentados. Pero su estrategia cuenta con Estados Unidos como aliado, cuya inteligencia y cooperación está mucho más disponible ahora que hace unos meses y que va a ayudarle a presentar resultados. “Es muy chocante la imagen del señor caminando entre los muertos, pero seguramente hay un porcentaje alto de la gente que dice: ‘Eso era lo que necesitábamos”, mantiene Riveros.
Tareas de rescate por el terremoto en Cali, el 10 de agosto. Foto Jair F. Coll
Esta última semana ha tenido algunos éxitos, como acabar con uno de los cabecillas criminales a los que prometió neutralizar, pero también una advertencia judicial. Después de que un bombardeo matara a tres menores en el Guaviare, en el sur de Colombia, una jueza de Bogotá le ordenó a las Fuerzas Militares abstenerse de operaciones aéreas sobre objetivos donde haya información verificable de presencia de niños.
“Todos los presidentes de Colombia llegan a la Casa de Nariño pensando que tienen mucho más poder del que tienen, pero este país tiene muchos contrapesos”, advierte una alta fuente empresarial que llama la atención sobre ese pulso de De la Espriella —y de todos sus sucesores— con las instituciones. “Qué tan respetuoso es o no del Estado de derecho, del orden jurídico, será la pregunta de los próximos cuatro años”, advierte Riveros.
Pero el símbolo de los símbolos de este mes ha sido la religión. En su toma de posesión, De la Espriella incluyó referencias religiosas tan explícitas —cuatro líderes espirituales llamando a la oración y una Virgen de Fátima en el escenario— que un juez terminó por obligarlo a rectificar el pasado 28 de agosto. De la Espriella lo hizo en una alocución presidencial, aunque cerró ese mismo discurso con un “¡Viva Cristo Rey!”, que ahora repite en todos sus mensajes. Es la misma fórmula que hizo suya el franquismo en España y que en Colombia heredó, décadas atrás, Laureano Gómez en su guerra contra los liberales. Apenas un día después del fallo, el matrimonio presidencial y buena parte de los ministros protagonizaron un acto cristiano con música religiosa y una ofrenda a la Virgen en homenaje a las víctimas del terremoto.
El cálculo, otra vez, es de popularidad: la última medición disponible situaba el favorable de la Iglesia católica en Colombia entre el 65% y el 70%, muy por encima del 49% con el que ganó De la Espriella. “Esto le deja un espacio para crecer entre un electorado católico que no necesariamente votó por él”, mantiene Martín Orozco, gerente de la encuestadora Invamer. “Las Fuerzas Armadas y la Policía también tenían una imagen favorable muy por encima de sus resultados, así que ahí también hay margen”, añade. “Veo síntomas muy preocupantes”, advierte Samper. “De la Espriella nos habla de la manada y de la defensa de la familia tradicional, en un país donde cerca del 50% de los hogares están encabezados por mujeres”.
La economía ha de ser otro de sus frentes prioritarios, pero aquí De la Espriella intenta no contrariar demasiado. Su presupuesto, presentado hace poco más de una semana, contempla un aumento de gasto del 10% respecto a las últimas cuentas de Petro, con partidas de pensiones, salud y salarios desfinanciadas y con el mantenimiento del subsidio a combustible diésel. El déficit fiscal previsto para 2027, del 9,4% del PIB, es “el segundo déficit más alto en la historia reciente de Colombia”, según JP Morgan. Políticos y economistas, sin excepción, coinciden en que habrá que recortar y en que el ajuste va a doler: el exministro de Hacienda Juan Camilo Restrepo advirtió de que el Gobierno tiene solo “seis meses de estado de gracia” para tomar las decisiones más difíciles antes de que la política se lo complique.

Abelardo De La Espriella en Bogotá, el 26 de agosto. Foto Luisa Gonzalez (REUTERS)
De la Espriella, sin embargo, aquí prefiere no alarmar a nadie: congeló el precio de la gasolina durante septiembre y, aunque tuvo que aplazar el aumento del bono a los adultos mayores por falta de dinero, anunció su respaldo económico a las nuevas líneas del metro de Bogotá. “La pelea de subir la gasolina se la dio Petro”, resume Riveros. “De la Espriella no se la va a dar, y no se va a dar ninguna otra”.
Por ahora, la eficacia de su gestión se conoce sobre todo por él mismo. Por lo que cuenta a través de sus portavoces en videos y notas de prensa enlatadas y listas para colgar en redes. Los medios colombianos —detrás de casi todos hay un empresario millonario que no quiere enemistarse con el presidente— mantienen la cautela y parecen estar dándole un periodo de gracia. “El resto del sistema de controles, del poder económico a los gremios y también los medios de comunicación, está dispuesto a darle un margen mucho más amplio del que le dieron a Petro, que era prácticamente ninguno”, apunta Riveros.
No se auguran buenos tiempos para la prensa. De la Espriella, que mantiene varios pleitos contra periodistas, tiene clara su estrategia también en este ámbito: rodearse de amigos. Las nuevas normas obligan a sus ministros a pedir permiso antes de hablar públicamente; un vocero tendrá hasta tres intervenciones diarias sin preguntas y los miembros del Gobierno podrán dar alguna declaración espontánea, pero tienen prohibido responder cuando les acerquen los micrófonos. Documentos internos filtrados van más allá y hablan de privilegiar a los “medios amigos” con un encargo prioritario: difundir “contenido esperanzador”.

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