Nuevas investigaciones indican que la adicción a las pantallas podría ser un problema de salud pública.
Nuevas investigaciones indican que la adicción a las pantallas podría ser un problema de salud pública.

- Un estudio sostiene que las grandes empresas tecnológicas deben compartir los datos de los usuarios para comprender la gravedad de los posibles daños.
Andrea Chrysanthou afirma que le ha resultado casi imposible limitar el tiempo que su hijo Nathaniel, de 13 años, pasa frente a la pantalla.
“Mi hijo reconoce que es adicto”, comentó Chrysanthou, presidente de la junta directiva de la organización defensora de los derechos de la infancia *Children First Canada*, con sede en Toronto. Explica que él le ha pedido ayuda para reducir el uso de su dispositivo digital, pero en cuanto se descuida, él vuelve a tomarlo.
Su hijo es como millones de otros niños en todo el mundo cuyo bienestar físico y mental corre peligro debido al uso excesivo de pantallas, según una nueva serie de estudios publicados el domingo por la revista médica *The Lancet*.
Se trata de una amplia revisión de estudios internacionales que permitió a los investigadores identificar los posibles daños y beneficios de la tecnología digital y ofrece una idea de “qué debe hacerse para proteger la salud de los niños”, señaló el coautor Jay Shaw, profesor adjunto del Departamento de Fisioterapia de la Universidad de Toronto.
A pesar de la amplitud de su análisis, Shaw y sus colegas afirman que no es posible comprender ni abordar plenamente la gravedad del problema sin acceso a los datos de los usuarios que poseen las propias empresas tecnológicas; información que, actualmente, dichas compañías no están obligadas a compartir.
No obstante, sostienen que su investigación demuestra que la adicción a las pantallas entre los jóvenes es un problema de salud pública que requiere la intervención de los gobiernos.
Los padres no pueden ser la única línea de defensa, declaró Chrysanthou a CBC News.
“Queremos que las empresas y las plataformas asuman su responsabilidad y hagan que sus plataformas sean seguras”.
Un panorama “claro”
Shaw y su equipo de investigadores analizaron datos procedentes de 2.790 estudios que abarcaban a más de nueve millones de participantes.
Entre los usuarios más jóvenes de dispositivos digitales —niños de 10 años o menos—, el exceso de tiempo frente a la pantalla se asoció con una menor duración del sueño y afectó al desarrollo cognitivo, emocional y social. Las consecuencias para los jóvenes de entre 10 y 24 años fueron diversas, abarcando desde problemas de salud mental y una reducción de la actividad física hasta el abuso de sustancias, las autolesiones y las ideas suicidas.
“Creo que nos encontramos en un momento a nivel mundial en el que los perjuicios asociados al uso de medios digitales, especialmente entre los jóvenes, han quedado bastante claros”, declaró Shaw a CBC News.
La Dra. Rachel Mitchell, psiquiatra del Sunnybrook Health Sciences Centre de Toronto, afirma que esta investigación confirma que las empresas tecnológicas y de redes sociales deben compartir la responsabilidad.
Señala que la mayoría de las plataformas y aplicaciones digitales no fueron diseñadas pensando en los jóvenes, y destaca que tanto los niños de cinco años o menos como los adolescentes atraviesan una etapa de la vida en la que sus cerebros aún se están desarrollando y son más vulnerables.
Mitchell explica que estos jóvenes son bombardeados con distracciones digitales provenientes de diversas aplicaciones, juegos y plataformas que a menudo buscan captar su atención constante mediante funciones como la reproducción automática, las notificaciones *push* y elementos de gamificación, además de recompensas diarias por la actividad en línea.
“Los adultos, al menos, tienen los lóbulos frontales totalmente desarrollados para autorregularse, y ni siquiera ellos logran hacerlo”, comentó, refiriéndose a la capacidad de limitar el tiempo frente a la pantalla.
“Así que no entiendo por qué esperamos que los niños sí lo hagan”.
¿El momento de la industria tecnológica similar al de las tabacaleras?
Shaw señala que existe una larga trayectoria de intervenciones de salud pública ante preocupaciones sanitarias relacionadas con ciertos hábitos, como el tabaquismo. Sostiene que el carácter adictivo de las redes sociales y otras plataformas digitales no debería ser una excepción.
Y afirma que la sociedad podría estar viviendo, con respecto a la tecnología, su propio “momento de las grandes tabacaleras”.
“Si no nos adelantamos a la situación, las tecnologías digitales terminarán siendo más perjudiciales que beneficiosas para la salud pública”.
Sin embargo, Mitchell opina que abordar el uso excesivo de pantallas —especialmente entre los jóvenes— plantea un escenario distinto al del tabaquismo.
Explica que fumar no aporta ningún beneficio real, mientras que los dispositivos y medios digitales cumplen múltiples funciones en nuestra vida cotidiana.
Un cigarrillo, añade, no te ayuda a orientarte por la ciudad, pero un teléfono sí. De hecho, señala Mitchell, la revisión de datos publicada en *The Lancet* destaca los beneficios de los medios digitales para los jóvenes cuando se utilizan con moderación, así como cuando se emplean para la educación y el aprendizaje extracurricular.
Sin embargo, afirma que para aprovechar estos beneficios es necesario gestionar los riesgos asociados a dichas tecnologías.
Mitchell sostiene que esta nueva serie de investigaciones demuestra que los riesgos son tan elevados y afectan a una población tan amplia que ya no resulta ética ni moralmente viable dejar que las personas los gestionen por sí solas, sin la intervención del gobierno o de las propias empresas tecnológicas.
Algunas empresas de redes sociales y tecnología han implementado herramientas destinadas a ayudar a los padres a reducir el tiempo que sus hijos pasan navegando por estas plataformas.
Meta, la empresa matriz de las plataformas de redes sociales Facebook e Instagram, acordó implementar límites de edad en Estados Unidos al resolver una demanda colectiva presentada por varios estados por un valor de 18.000 millones de dólares en agosto. Este acuerdo fue calificado como el mayor pacto estatal de protección al consumidor de la historia, superado únicamente por los acuerdos alcanzados con las grandes tabacaleras en la década de 1990.
TikTok cuenta con una configuración predeterminada que limita el uso a una hora para los usuarios de entre 13 y 17 años; sin embargo, esta configuración puede modificarse o desactivarse.
El máximo responsable de Snap Inc., la empresa matriz de Snapchat, declaró recientemente a la BBC que la compañía está abierta a establecer restricciones de tiempo para los adolescentes.
Medidas como estas, afirma Mitchell, son “absolutamente necesarias” y “deberían haber existido desde el primer día”.
Exigencia de transparencia a las empresas tecnológicas
Shaw y sus colegas investigadores esperan que este análisis ayude a los gobiernos a diseñar políticas de salud pública para abordar los posibles perjuicios que el uso excesivo de medios digitales causa en los jóvenes.
No obstante, señala que, sin acceso a los datos de los usuarios que poseen las grandes empresas tecnológicas, será difícil obtener una imagen precisa de la magnitud de la interacción de los jóvenes con los dispositivos digitales y del impacto real que esto tiene en su bienestar físico y mental.
Su serie de estudios destaca que gigantes tecnológicos como Meta, TikTok y Google no están obligados a compartir dichos datos ni detalles sobre cómo sus algoritmos fomentan un uso prolongado, especialmente entre los jóvenes.
“Resulta muy difícil justificar, desde un punto de vista moral y ético, que esos datos no estén a disposición de los investigadores”, afirmó Mitchell.
Una legislación sobre seguridad digital, como la propuesta de Ley de Redes Sociales Seguras (Proyecto de Ley C-34) del gobierno federal, obligaría —de aprobarse— a las plataformas tecnológicas a ser transparentes y a facilitar a investigadores acreditados el acceso a datos electrónicos relacionados con la seguridad en línea.
El Proyecto de Ley C-34 también exigiría a las empresas de redes sociales restringir las cuentas de menores de 16 años, a menos que las plataformas puedan implementar medidas de protección adecuadas para salvaguardarlos.
El proyecto de ley, que aún debe debatirse en la Cámara de los Comunes, ha suscitado críticas ante la posibilidad de que vulnere la Carta de Derechos y Libertades. Sin embargo, ni Mitchell ni Shaw y sus colegas defienden la prohibición de que los niños utilicen las redes sociales; incluso Chrysanthou, de Children First Canada, duda de que tal medida fuera eficaz.
Señala que en lugares como Australia, donde a principios de este año se establecieron límites de edad para el uso de redes sociales, muchos niños siguen conectados, ya sea porque han encontrado la manera de eludir las restricciones o porque las empresas tecnológicas no han implementado mecanismos de control efectivos.
«Más allá de establecer cierto tipo de regulación sobre el tiempo de exposición a las pantallas —afirmó Chrysanthou—, queremos que las empresas y las plataformas asuman su responsabilidad y hagan que sus plataformas sean seguras».

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