Un año después de frenar Loma Larga, Ecuador vuelve a marchar para proteger el páramo de Kimsacocha
Un año después de frenar Loma Larga, Ecuador vuelve a marchar para proteger el páramo de Kimsacocha

Vista de una de las lagunas que da nombre al páramo de Kimsacocha (tres lagunas), el 17 de septiembre. Foto KAREN TORO
- A pesar de que el Gobierno revocó su licencia ambiental en 2025, defensores de la región temen por las concesiones que siguen vigentes y denuncian accesos que continúan bloqueados. Casi 50.000 personas vuelven a salir a las calles
Con botas de caucho, Carmen Luisa Pérez Arevalo pisa el suelo esponjoso del páramo de Kimsacocha. A pesar del frío, camina a través de musgos y pajonales con su falda roja y una blusa blanca de manga corta. Ha vivido en Azuay, una provincia ubicada en la sierra ecuatoriana, a lo largo de sus 55 años. “Desde aquí nace el agua para nuestra comunidad”, dice la líder indígena mientras señala una cascada conocida como quebrada de Quinuahuayco que alimenta al río Irquis y, también, a su hogar: Victoria del Portete.
Para ella, es difícil imaginar que el suelo que está pisando desaparecerá y se convertirá en fuente de oro para la industria minera. Esta parte del páramo, donde nacen sus ríos, está dentro del proyecto minero Loma Larga, de la empresa canadiense DPM Metals (antes llamada Dundee Precious Metals).

Carmen Luisa Pérez Arévalo en el páramo de Kimsacocha, el 17 de septiembre. Foto KAREN TORO
La iniciativa abarca 7.960 hectáreas distribuidas en tres concesiones que rodean el Área Recreacional Quimsacocha, que es parte del Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP). Aunque no están dentro de sus límites, sí se ubican a 600 metros de un área que resguarda tres lagunas que no solo son fuente de agua para las comunidades, sino que alimentan a dos de los cuatro ríos de la ciudad de Cuenca, capital del Azuay.
A pesar de dos consultas populares en las que se votó en contra de la presencia minera, el 25 de junio de 2025, el Ministerio del Ambiente otorgó la licencia ambiental para la fase de explotación del proyecto Loma Larga. La noticia fue el detonante para que más de 100.000 personas salieran el pasado 16 de septiembre a las calles de Cuenca para exigir que se detenga el avance del proyecto.
Gracias a informes de la Municipalidad de Cuenca, Prefectura del Azuay, universidades y, sobre todo, la presión que ejerció la marcha del “Quinto Río”, que es el nombre que le pusieron en alusión a los otros cuatro ríos de Cuenca, el Gobierno ecuatoriano revocó la licencia ambiental de Loma Larga en octubre de 2025.

Fuente de agua donde nace la quebrada Kinahuaycu y posteriormente el río Irquis, en el páramo de Kimsacocha, el 17 de septiembre. Foto KAREN TORO
Este 2026, el ‘Quinto Río’ se tomó nuevamente las calles de Cuenca para exigir la cancelación de las concesiones en Kimsacocha. A Pérez, al igual que a los defensores del agua, le preocupa que la empresa obtenga una nueva licencia ambiental para reanudar el proyecto. A un año de la revocatoria, las cadenas en el ingreso, al igual que el personal de vigilancia de la minera siguen controlando el acceso a estos páramos por los que antes caminaban los locales.
Un páramo cercado
A dos horas en vehículo desde la capital del Azuay, y una más de caminata, está el ingreso a los páramos de Kimsacocha, ahora conocidos como Loma Larga. Un adhesivo con la palabra “revertida y anulada” tapa otro anuncio: “Prohibido el ingreso. Propiedad privada”. Aunque la restricción ya no existe, una cadena indica lo contrario.
Al ingresar, a pocos metros, trabajadores de la empresa observan a los locales y algunas huellas de los trabajos de exploración se amontonan en las esquinas, entre los pajonales. “Estamos en el punto cero, esta es prácticamente la boca de la mina. Va a ser catastrófico”, explica Lauro Sigcha, presidente de la Federación de Organizaciones Indígenas y Campesinas del Azuay (FOA).
La lucha de los defensores del agua y de los páramos se inició en 1994, cuando notaron la presencia de personas extrañas en estas montañas. Incluso, uno de los relatos de ese momento se convirtió casi en una leyenda: decía que “un vehículo anfibio salía de la laguna y después recorría los pajonales”. Así se enteraron de que la zona estaba concesionada desde 1991.

Lauro Sigcha en el páramo de Kimsacocha, donde nacen muchos ríos del sur de Ecuador, el 17 de septiembre. Foto KAREN TORO
Ya a inicios del 2000, la resistencia se activó con más fuerza a la par que comenzó la fase de exploración avanzada. Gracias a la insistencia de los defensores, en 2019 lograron llamar a una consulta popular en el cantón Girón, donde el 86 % de los pobladores votó en contra de la minería. En 2021, en una nueva consulta popular —pero esta vez en el cantón Cuenca—, el resultado fue de más del 80 % en contra de la minería metálica en las zonas de recarga hídrica.
“Ha sido toda una historia de resistencia y de no rendirnos jamás”, cuenta Sigcha. “Una de proteger nuestra agua que provee el recurso a más de 12.000 personas”, agrega al respecto del río Irquis, que abastece a alrededor de 30 comunidades e incluso llega al Marañón, que entra al río Amazonas. También, comentan enfatizando su relevancia, se ubica en la cuenca del Paute, donde está el complejo hidroeléctrico que cubre el 38 % de la demanda de energía del país.
Tras caminar otra hora, se llega a las tres lagunas que dieron el nombre a estos páramos de “Kimsacocha” (tres lagunas en kichwa). Pese a no estar dentro de la concesión, los defensores temen que sea afectada, ya que la actividad minera se desarrollará en sus límites.
Se consultó a DPM Metals sobre sus impactos, pero no respondieron hasta el momento de la publicación. En su sitio web, niegan afectaciones en el Área Protegida, ya que argumentan que existe una barrera rocosa impermeable que impide la infiltración entre las lagunas y el emplazamiento, y el proyecto está diseñado para contener todo el líquido que entre en contacto con las operaciones mineras.
También defienden que no afectarán el suministro de agua para la ciudad: “aunque el yacimiento se encuentra dentro de la zona de recarga hídrica del cantón de Cuenca, en la parte alta de la parroquia de Victoria del Portete, no utilizará agua de estas cuencas”.
Pero a los defensores no les convence esta explicación. “Todo se conecta a través de los riachuelos. Cuando comiencen a explotar, a entrar las volquetas y a abrir caminos en el páramo, se destruirá todo”, explica Lizardo Zhagüi, presidente de la Junta Administradora del Agua Potable de Tarqui y Victoria del Portete. Al ser una mina subterránea, temen que el suelo se contamine. Un estudio de la Empresa de Agua Potable de Cuenta demuestra que la explotación no es viable por la contaminación que puede generar el proyecto y por poner en riesgo el acceso a agua potable.
Por otro lado, hay discrepancias sobre la distancia entre el proyecto y el área protegida. Según la empresa son “6 kilómetros a pie”, pero de acuerdo al Plan de Manejo del Área, que es el documento oficial avalado por el Ministerio del Ambiente y Energía (MAE), son 600 metros. Se enviaron preguntas al MAE sobre la situación de este proyecto y sus impactos, pero no se obtuvo respuesta.

Gran Marcha por el Agua, en las calles de Cuenca, capital de Azuay, para exigir al Gobierno la prohibición de la minería en el cantón, el 16 de septiembre. Fotos KAREN TORO







Una historia que no termina
Mientras en el páramo pisa con delicadeza el musgo, en la calle, Pérez lo hace con firmeza. A un año de la gran marcha en contra de la minería, la defensora indígena vuelve a liderar el “Quinto Río” por las calles de Cuenca. Como si fuesen un afluente del Irquis, junto con sus compañeras, marchan desde el norte de la capital del Azuay hasta el centro, donde se abren paso entre la gente y se ubican al inicio de la corriente.
Seguidas por más de 50.000 personas, elevan su mensaje: “Sin oro, se vive, pero sin agua, se muere”. Pérez reconoce que, aunque el año pasado obtuvieron una victoria con la revocatoria de la licencia ambiental, la lucha está viva porque sus páramos aún no están seguros.
“Lloré de la alegría al ver que la gente se dio cuenta de que el agua es vida”, dice Ligia Pugo, otra de las lideresas de Victoria Portete, que ya lleva 32 años luchando por Kimsacocha. Este año no pensaba que acudiría esa cantidad de personas, pues “muchos piensan que ya con la revocatoria no van a volver a instalar la minería, pero no es así”.
Al final de la marcha, Sigcha y una delegación de defensores indígenas y campesinos ingresaron a la Gobernación en Cuenca para entregar el “Mandato del Quinto Río”. En este exigen la cancelación de las concesiones de Loma Larga y de todas las mineras que los afectan, el cumplimiento de ambas consultas populares y el control de la minería ilegal. Para Pérez, el “Quinto Río” está más activo que nunca y seguirán llenando las calles de Cuenca y del país, hasta que los dejen fluir sin barreras.

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