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  • October 19, 2026 , 10:21am

CRÓNICAS. De Equinoccio y Leyendas

CRÓNICAS. De Equinoccio y Leyendas

Por: Lucía P. de García 

Toronto.- En la cintura de la Madre Tierra, la línea imaginaria conocida  internacionalmente como ecuador o línea equinoccial, define dónde está el norte y dónde el sur. Lo sabían los pueblos originarios locales, lo comprobó la expedición geodésica que en 1736 envió Francia a la Real Audiencia de Quito. Los científicos que la integraron eran franceses, españoles y quiteños. La primera cartografía científica la formó el sabio Pedro Vicente Maldonado, nacido en Riobamba, ciudad situada entre los Andes del país que en 1830 tomaría por nombre Ecuador. 

Algunos kilómetros al norte de Quito, en el pueblito de San Antonio se encuentra el gran “Monumento Mitad del Mundo”. Desde su cúpula se puede observar el hermoso paisaje de la  región, y en su interior bajar los pisos que cuentan lo narrado y exhiben varios de los preciosos atavíos de los pueblos indígenas del país. En los alrededores, la línea equinoccial luce su magia en museos abiertos, donde, por ejemplo, al poner un huevo sobre la punta de un clavo, éste queda perfectamente equilibrado y no se cae.

Allí se da la “Fiesta del Equinoccio”, en latín aequinoctium, significa “noche igual”. Se produce cuando en la rotación planetaria, a las 12:00 horas el sol llega a lo más alto y sus rayos caen perpendiculares sobre la línea equinoccial. Ese momento se genera el equinoccio: el polo Norte y el Polo Sur se alinean a la misma distancia, recibiendo igual luz frente al sol y en su lado posterior se impone la noche en igual duración. 

El prodigio ocurre dos veces al año. El Equinoccio de Primavera entre el 20 y el 21 de marzo. El Equinoccio de Otoño entre el 22 y el 23 de septiembre.

En el presente año el Equinoccio adquirió especial importancia, el 22 de septiembre la Tierra inició otro ciclo de vida de 500 años. Lo confirman astrónomos, mitologías y leyendas en todos los continentes, creencias de los pueblos originarios de América. 

En Ecuador se exaltó el prodigio en todos los lugares que señalan la Mitad del Mundo. Al ser un país multicultural, visitantes y turistas se juntaron al festejo de los pueblos y nacionalidades ancestrales, que vistiendo sus mejores galas ofrendaron a la Pacha Mama flores, frutas, vegetales, verduras, bebidas de maíz fermentado; agradecieron el conocimiento astral heredado de sus mayores; la guía agrícola que les brinda el sol. Se cantó, bailó, compartió alimentos y con gran alegría se celebró la llegada del Ciclo de cambio que augura tiempos mejores. 

En América del Norte, México evocó a Quetzalcóatl, dios-serpiente del pueblo tolteca que tomó forma de hombre de piel clara, rubio y barba. Tras radicarse en Tollan, a sus habitantes les enseñó a leer, escribir, sembrar; les pidió no realizar sacrificios humanos; vivir en humildad y solidaridad entre todos.

En América del Sur, Perú evocó a Viracocha, dios alto y barbado que emergió de las aguas del lago Titicaca para crear cielo, tierra, estrellas. A las figuras de barro que armó con sus manos les infundió vida, pero su desobediencia y maldad hizo que una gran lluvia cubriera la Tierra y aniquilara a los seres vivos. Luego creó otra humanidad.

Entre otros dioses que creó, al Inti, sol, le hizo padre de la familia real del Imperio de los Incas y le encargó la energía y el movimiento. A Mama Quilla, diosa luna, le hizo madre de la fertilidad y le encargó las estrellas. 

El diluvio consta en la historia, mitos y leyendas de todo el planeta. La triada Viracocha, Inti y Mama Quilla se parece a la cristiana: Padre, Hijo, Espíritu Santo, venida a nuestro continente con los europeos barbados, por coincidencia.

Su presencia estaba vaticinada, significó para nuestros pueblos enfermedades desconocidas, la destrucción de su civilización, cultura, creencias, tradiciones, modo de vida, todo. Los pueblos de América Latina son los que más han sufrido durante los últimos 500 años. A la cruel conquista y el coloniaje perverso se sumó la violación a mujeres indígenas. Fue tan brutal que la corona de España decretó que cada hombre en el “Nuevo Mundo” trajera a su mujer. Tras su llegada, ella disipó sus añoranzas instaurando respeto y orden en la sociedad, afianzando el uso del idioma español y la religiosidad del catolicismo. A aquellas mujeres se les sumó la que a fuerza vino desde África. De las tres madres valientes y amorosas provienen nuestros genes mestizos. 

Ha sido admirable la resistencia que durante estos cinco siglos han tenido nuestros pueblos originarios, legítimos dueños de las tierras americanas. Han sufrido humillación, pobreza, explotación, indiferencia ante sus apremios de salud, educación, vida digna. En resistencia aguardan que de estos tiempos tumultuosos emerjan las figuras míticas que según las leyendas prometieron volver, para dar inicio a un nuevo “Pachakuti”, palabra quechua – aymara que significa cambio, transformación.  

Al momento la Madre Tierra vive un desequilibrio producto del abuso de sus recursos y la contaminación. De nada han valido las reuniones de líderes mundiales, todo ha quedado en palabras, no han entendido la urgencia. Lo peor es que no existe una fuerza legal que obligue a los gobiernos a sanar suelos, aguas, mares, aire. 

En cuanto a lo social, la humanidad vive la angustia de la guerra, el exterminio, el desplazamiento forzado, el autoritarismo, el resurgir del nazismo. Por añadidura, falta de alimentos, techo, trabajo, el desate de todas las crisis. Hasta parece que los ciudadanos han enloquecido, sólo así se explica que hayan entregado el poder sobre su libertad y derechos a personajes narcisistas, prepotentes, egoístas, represores, ávidos de dinero, de allí sus gobiernos en beneficio personal, familiar, amigos.

Por sobre la zozobra que parece crecer brilla la esperanza de que en la espiral infinita que reconocen los pueblos originarios, donde el tiempo y el espacio van entrelazados con lo divino, pronto se restaure la armonía y el equilibrio entre la Tierra y el universo. Que también pronto cada persona deje lo superficial y recupere la espiritualidad profunda, sincera, aquella que permita esa TRANSFORMACIÓN que hará realidad el cumplimiento de la profesía andina: “Llegará el tiempo en que el águila y el cóndor volarán juntos sobre nuestras tierras dándonos sanación, reconciliación, paz”. 

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