El trabajo infantil en México azota a 3,5 millones de niños y un millón realiza labores peligrosas
El trabajo infantil en México azota a 3,5 millones de niños y un millón realiza labores peligrosas

- La Encuesta Nacional de Trabajo Infantil (ENTI) de 2025 refleja la alta incidencia de ocupaciones riesgosas, que aumenta entre las infancias indígenas y quienes no asisten a la escuela
Cuando millones de niños deberían prepararse para ir a la escuela, otros tantos ya están trabajando.
El trabajo infantil en México tiene muchos rostros, pero afecta de manera desproporcionada a los varones de comunidades indígenas y zonas menos urbanizadas, así como a quienes no asisten a la escuela. Y muchos de ellos realizan actividades que pueden poner en riesgo su salud y su bienestar, de acuerdo con la radiografía que ofrece la Encuesta Nacional de Trabajo Infantil (ENTI) de 2025, presentada este miércoles. Según el estudio, que se realiza cada tres años, 3,5 millones de niñas, niños y adolescentes están en esta situación, lo que representa una tasa del 12,6% de la población de entre 5 y 17 años que reporta razones que permiten entrever las vulnerabilidades económicas de sus hogares.
La medición incluye a infancias debajo de la edad mínima legal, de entre 5 a 14 años, así como a los adolescentes de 15 y 17 años que realizan actividades peligrosas, como labores en la minería, agricultura, centros nocturnos o ventas ambulantes. También, contempla a quienes llevan a cabo trabajo doméstico no remunerado en condiciones inadecuadas, capaces de afectar su bienestar. Es decir, el trabajo infantil en México no se limita al empleo remunerado, sino también considera el nivel de riesgo de este y reconoce que una parte significativa ocurre dentro de los propios hogares, mediante tareas domésticas que, por duración o situación, afectan el desarrollo y la educación de los menores.
En este sentido, los datos diferencian que del total un 1,7 millones se dedica a quehaceres no adecuados y 1,6 millones lleva a cabo alguna ocupación no permitida por su edad. Dentro de este último renglón, más de la mitad –un alarmante millón de niños– se encuentra ejerciendo una labor peligrosa: casi un tercio de la actividad se concentra en la agricultura, ganadería, actividades forestales, caza y pesca, seguidos de apoyo en minería, construcción e industria, con 25,2%, y ocupaciones comerciales con 16,4%.
“Tiene que ver con la actividad, pero también con las condiciones”, ha explicado Mauricio Rodríguez, titular de la unidad de estadísticas sociodemográficas del Inegi, durante la presentación de los resultados, recabados entre octubre de 2025 y principios de enero de este año. “Por ejemplo, puede ser un ayudante en una fonda familiar, pero si entran a la cocina y están expuestos a fuego, otros peligros y horarios extendidos, entra a la estadística”, ha contextualizado.
La incidencia del trabajo infantil tampoco es uniforme en el territorio, ni entre los distintos grupos de edad y étnicos. Los varones concentran seis de cada diez casos: 2,1 millones de niños, frente a 1,4 millones de niñas. La proporción también es mayor en el sureste del país, con Guerrero a la cabeza de las entidades con mayor proporción, en línea con prevalencia histórica de pobreza de esta zona, donde también destacan Chiapas y Oaxaca. Asimismo, la incidencia se eleva hasta un 25% entre la población indígena y a 15,6% entre las comunidades afrodescendientes, en ambos casos por encima del promedio nacional.
“Entre quienes no asistían a la escuela alcanzó 48,4%, mientras que entre quienes sí asistían fue de 9,9%. Asimismo, en las áreas menos urbanizadas la tasa fue de 15,7% comparadas frente a 8,4%”, ha agregado Arturo Blancas, vicepresidente del Inegi, al subrayar las brechas y desigualdades que arroja el estudio. “Cuando el trabajo se relaciona con la asistencia escolar lo que está en juego no es solamente el presente, también puede comprometer las posibilidades futuras”, ha subrayado.
Al examinar la tendencia, esta muestra cambios mínimos en los últimos años e, incluso, una reducción marginal en la última década. Entre 2015 y 2025, la población en situación de trabajo infantil pasó de 3,6 millones a 3,5 millones. El máximo de este periodo se registró en 2022, cuando la encuesta contabilizó 3,7 millones de menores, equivalentes al 13,1% de la población de entre 5 y 17 años.
Las razones que explican esta realidad varían entre los hogares, pero apuntan a una exposición persistente a las dificultades económicas. Ocho de cada diez hogares que reportaron trabajo infantil señalaron haber atravesado alguna situación adversa en los últimos tres años, como sequías o lluvias capaces de afectar las actividades agrícolas de las que depende su sustento, aumentos de precios o pérdida de ingresos. Entre los problemas mencionados, el encarecimiento de los alimentos fue el más frecuente para casi la mitad de los hogares.
El Inegi advierte que las comparaciones internacionales deben hacerse con cautela, ya que no todos los países países utilizan los mismos rangos de edad ni los mismos criterios para definir las ocupaciones prohibidas. Sin embargo, un estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) –un grupo del cual México es miembro– publicado en 2021 situaba a México por encima del 10% en el trabajo de niños de entre 10 y 14 años, frente a un promedio cercano al 5% en los países latinoamericanos analizados. Aunque estos datos no permiten establecer una clasificación plenamente comparable con la ENTI de 2025, sí ofrecen un antecedente de la magnitud del problema en el país. Además, la persistencia del fenómeno durante los últimos diez años también refleja una insistencia de las desigualdades sociales que amenaza con prolongarse en la siguiente generación.

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