Milán, una ciudad rota por el lujo y la desigualdad
Milán, una ciudad rota por el lujo y la desigualdad

Un momento de los enfrentamientos con la policía del pasado sábado en Milán Foto: Stefano Porta/LaPresse (LAPRESSE)
- Los disturbios en la metrópoli italiana no salen de la nada porque es un caso extremo de los males de otras capitales: acoge una de las mayores concentraciones de millonarios pero expulsa a sus vecinos
Milán es la ciudad a la que la cantante Dua Lipa está pensando irse a vivir pero también donde muchos de sus vecinos se ven obligados a marcharse.
Está entre las que acoge más millonarios del mundo, que se instalan en nuevos rascacielos firmados por grandes arquitectos. Llegan atraídos por la tarifa plana fiscal ofrecida en Italia desde 2017, un solo pago de 300.000 euros (convenció a Cristiano Ronaldo a irse del Real Madrid a la Juventus en 2018).
Es el llamado modelo Milán, una ciudad de lujo, de cultura, de moda, de bancos de inversión, ideal para vivir, salvo que por el precio de los pisos y de los alquileres vivir se ha vuelto imposible: comprar cuesta un 57% más que hace una década y alquilar, un 70% más que en 2018, según los datos de los portales inmobiliarios.
La relación entre sueldos y coste de la vivienda ya es peor que la de Londres, según el Financial Times. En un país, Italia, donde los salarios no se han movido en 25 años mientras en el resto de la OCDE han crecido del 35%; no existe el salario mínimo y la inflación es del 27,1% en cinco años. Este es el caldo de cultivo del malestar social en toda Italia, pero en el caso de Milán la vida es aún peor. Es un caso extremo de los males de otras grandes capitales europeas porque, además, no es muy grande, 1,3 millones de habitantes: ha echado más rápido a sus ciudadanos, expulsados al área metropolitana, muchísimo más fea, donde viven 1,8 millones de personas.
En Milán se rodó El diablo viste de Prada 2, pero tras el decorado es una ciudad rota por la desigualdad. Los 2.000 manifstantes que irrumpieron el fin de semana en el centro no salen de la nada. Mejor dicho, salen justo de la nada, de esa periferia que parece que no existe, excluida del lujo. El fin de semana decidieron romper los escaparates y robar zapatillas de marca. El más joven de los detenidos tenía apenas 11 años.
“¿Cómo hace uno para pagar 1.200 euros por unas zapatillas si cobra 1.400 euros al mes? A mí robar a las multinacionales me parece bien, a un particular no”, dice Lello, de 20 años, uno de los detenidos en los disturbios. Es lunes y acaba de ser puesto en libertad, junto a su hermano y otros dos chicos que han conocido en la celda, en la comisaría de la calle Fatebenefratelli. Vestidos de negro, no quieren hablar con periodistas hasta que llega uno que dice que trabaja para el canal de You Tube de Fabrizio Corona, un famoso paparazzi que ha acabado en la cárcel y se ha convertido en un personaje muy popular. Su canal se llama Falsissimo. Entonces sí acceden a hablar, para ellos es un “grande”.

Saqueo de una tienda de Decathlon de Milán en los incidentes del pasado domingo. Foto Massimo Alberico/LaPresse (LAPRESSE)
Como casi todos los jóvenes que desembarcaron en Milán el fin de semana, vinieron de las afueras. Ellos de Rho, de San Donato, e incluso de Lecco, a una hora en tren. Los cuatro, de entre 18 y 21 años, relatan vidas difíciles. No trabajan, no estudian, familias problemáticas, en el paro o con trabajos precarios. Uno ha pasado ya por una prisión de menores. Los dos hermanos dicen que hace poco pasaron dos meses sin casa. Ninguno ha llamado aún a sus padres, que no saben qué ha sido de ellos. Aseguran que en el lío del domingo no hicieron nada, estaban por allí hasta que les echaron el guante. Es comisaría, estaban 27 en una celda: ellos cuatro, italianos, y 23 de origen extranjero. De política no tienen ni idea.
“Lo hemos hecho para hacernos oír”
¿Por qué fueron el domingo al Duomo? Todos vieron por TikTok que había movida, y se apuntaron: “Como en Francia, porque aquí nadie ha tenido los cojones de hacerse valer, hay que darle la vuelta a la situación. Por la educación, por el trabajo, por la gasolina, por los impuestos. Lo hemos hecho para hacernos oír, si no cambia la situación será cada vez peor, ¡todos a la calle a liarla! La nueva generación tiene cojones, no como los de antes”, dice Alessandro. Dos dicen que volverán a hacerlo, uno dice que no porque una noche en comisaría le ha parecido muy fuerte y el cuarto no sabe.
Mario Calabresi, periodista y escritor que acaba de anunciar su candidatura a la alcaldía de Milán, se lo esperaba, aunque no de manera tan violenta. “En septiembre ya dije que teníamos dos ciudades. Una resplandeciente, como un escaparate, y otra que siente que no la ven, con menos luz. Dije que teníamos que sanar esa fractura, porque si no alguno rompería ese escaparate. Estos chicos sienten que el centro de la ciudad es una tienda donde ellos no pueden entrar. Hay que reconstruir una comunidad y una ciudadanía”, explica.
También está emergiendo un problema de integración de población inmigrante. ¿Cuándo ha empezado la política a olvidarse de ellos? “Es que nunca llegó a empezar a ocuparse de ellos”. Apunta que es la primera vez que en Italia surge un estallido social al estilo de Francia: “La inmigración comenzó a llegar a mitad de los años noventa. Esta es para nosotros la primera segunda generación, un problema nuevo”.
Para Calabresi, parte de la explicación es el Brexit, en 2016: muchos de quienes abandonaron Londres, empresarios, ejecutivos, fueron a Milán. También estudiantes, cita un dato: hace 10 años había 150.000 en la ciudad, y hoy son 230.000, otro impacto en el mercado inmobiliario, y con cuatro universidades privadas de alumnos de mayor poder adquisitivo. Luego llegaron los turistas y los apartamentos turísticos.

Vista del barrio financiero de Milán, con los rascacielos construidos en los últimos años. Foto Emanuele Cremaschi (Getty Images)
Es curioso para una ciudad que siempre fue gris y poco atractiva, frente a Roma, Venecia o Florencia. Pero todo es fruto de una gran operación de imagen que Lucia Tozzi, investigadora de políticas urbanas, ha diseccionado de forma demoledora en su ensayo La invención de Milán, publicado en 2023. Fue un libro que rompió el tabú de negar lo maravillosa que era la ciudad, “inmersa en la autocelebración de su éxito de imagen”, cuenta ella tomando un café en su barrio, Isola. También se ha gentrificado porque está al pie de uno de los símbolos de la nueva Milán: los dos rascacielos del Bosque Vertical, diseñados por el estudio Boeri, en la nueva área de Porta Nuova. Pero cada uno de estos símbolos ha tenido el efecto de disparar los precios alrededor, demoler edificios viejos. “Se ha expulsado de la ciudad a una cantidad enorme de gente. Primero los más pobres, luego la clase media. En la clase de mi hijo he visto cómo se iban marchando todos sus compañeros, vecinos de toda la vida del barrio. Se han ido fuera de Milán”.
El tribunal de Milán convocó 94 plazas de secretario judicial y acaba de anunciar que solo ha cubierto cinco, debido al precio de los alquileres, que no se pueden asumir con sueldos de entre 1.500 y 1.600 euros. En la región faltan también entre 2.500 y 3.000 enfermeros, y en la última convocatoria de médicos de cabecera, para 600 puestos, solo se presentaron 20. Pasa lo mismo en otros sectores, del profesorado a los conductores del transporte público milanés: se necesitan 400.

Los dos rascacielos del Bosque Vertical, del arquitecto italiano Stefano Boeri, de 80 y 112 metros de alto, con 780 árboles y 16.000 plantas y arbustos. Foto Pierluigi Palazzi (Getty)
Para Tozzi todo comenzó con la Expo de 2015. La exposición en sí no fue gran cosa, pero fue la excusa para atraer un gran flujo de inversiones públicas. “Dinero que se quitó a otras ciudades y regiones, y con lo ideal para un gobernante en Italia, leyes especiales, podías saltarle los procedimientos ordinarios. Milán se convirtió casi en un paraíso fiscal. Llegaron muchos inversores extranjeros, empezando por Qatar”. Estas reglas tan laxas han desembocado en 2025 en una gran investigación de irregularidades urbanísticas, aún en marcha, sobre 14 grandes operaciones inmobiliarias. Que, de hecho, ha frenado proyectos y, junto al agotamiento del espacio urbanizable, empieza a amenazar el modelo.
“Sustituyeron los edificios y luego sustituyeron a la población, empezó la turistificación de Milán”, explica Tozzi. La ciudad ha multiplicado por cinco el número de turistas en los últimos seis años. Para ella, todo el modelo Milán ha sido un gran camelo cultural, mediante eventos, greenwashing, inclusividad y entretenimiento, que ha ocultado “una concentración de riqueza en pocas manos y una privatización salvaje de bienes y servicios”. Con un ayuntamiento de centro-izquierda. Beppe Sala, que es alcalde desde 2016, fue el comisario de la Expo.
El estallido social para ella era de esperar, aunque cree que aún es pronto para descifrar lo ocurrido. Al margen de los disturbios, sí cree que finalmente muchos milaneses ya han tomado conciencia de que estos años “han sido una estafa”. “La falta de futuro atañe a todos, no solo a los jóvenes. No es una revuelta generacional, es de clase. Han comprendido que si están mal no es por un fracaso personal, sino por una situación que se puede resolver con la política, aunque aquí aún no hay candidatos como la alcaldesa de Berlín, y no creo que los veamos”, razona. Lo que más pena le da es que se ha destruido de forma sistemática y en pocos años una ciudad que sí era ejemplar en los años sesenta y los setenta en servicios públicos y vivienda social.
El periodista y escritor Michele Serra, uno de los columnistas de referencia del diario La Repubblica, cuenta que de niño vivía al lado de Santa Maria delle Grazie, la basílica de La última cena de Leonardo. “Mi padre era un simple empleado de banca y vivíamos de alquiler. Pero hoy vivir allí para una familia es impensable. Para vivir en Milán tienes que ganar, como mínimo, 5.000 euros al mes, si no te tienes que ir”, comenta. Recuerda que todas esas nuevas zonas de rascacielos hasta los años noventa eran descampados. Cree que luego ha sucedido todo muy rápido. Lo que le interesa ahora es comprender qué tienen en la cabeza esos chicos que asaltan las tiendas, si solo quieren unas zapatillas caras o detrás hay una verdadera crítica del modelo social.
“Éramos pobres, pero íbamos bien vestidos”
La psicóloga Roberta Milanese, referencia en Italia de la psicoterapia estratégica breve, cree que, al contrario de lo que se dice, la actitud de estos jóvenes tiene poco que ver con la rabia: “A mí me ha parecido que lo han vivido casi como un espectáculo. Estos chicos han sido invitados, por así decirlo, por redes sociales casi a participar en un evento, vestidos todos iguales, en algunas entrevistas han dicho que parecía un flash mob o un videojuego.
Luego se ha activado un fenómeno de grupo, un mecanismo de pertenencia, un aspecto fundamental para los adolescentes”. Opina que muchos de estos jóvenes están buscando una identidad: “Quiere decir que no hemos conseguido crear en ellos el sentido de pertenencia a la comunidad”. Cree que estos chicos “se han sentido héroes por un día”.
Baby Gang, rapero italiano de origen marroquí de 25 años, nacido en Lecco, cerca de Milán, fue en 2025 el artista italiano con mayor número de escuchas en Spotify, 6,5 millones de usuarios. Un famoso tema suyo dice así: “Alcott, Zara, Bershka, robábamos la ropa/ Con los antirrobos dejados en los probadores/ Era un titkitaka de africanos y magrebíes/ Éramos todos pobres, pero íbamos bien vestidos”. Es de 2021.

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