Más de cuatro millones de jóvenes hispanos, el electorado que más ha crecido, estrenan el derecho al voto en las ‘midterms’
Más de cuatro millones de jóvenes hispanos, el electorado que más ha crecido, estrenan el derecho al voto en las ‘midterms’

Cuatro millones de jóvenes hispanos estrenan su derecho al voto en las ‘midterms’.
- Cada año más de un millón de hispanos cumple 18 años en Estados Unidos. La cruel y abusiva política migratoria de Trump definirá para muchos su voto en las elecciones de medio mandato
Más de cuatro millones de hispanos cumplieron 18 años desde las últimas elecciones de medio mandato, en 2022, y podrán ejercer su derecho al voto por primera vez en las midterms que se celebran el 3 de noviembre. Desde hace ya varios años, las organizaciones latinas reclaman el potencial de la comunidad, recalcando que cada 30 segundos un hispano cruza la barrera de la mayoría de edad.
Los hispanos se han convertido en la fuerza electoral más pujante en las últimas dos décadas. Con 39 millones de votantes, constituyen el 16% de todos los ciudadanos con derecho a voto —unos 250 millones—, solo por detrás de los votantes blancos que no se declaran de otra raza o etnia. Mientras este grupo ha ido en declive desde 2006, la proporción de votantes hispanos casi se ha duplicado.
A la nueva generación de votantes se suma también un millón de hispanos naturalizados, con lo que en cuatro años hay en total 5,2 millones más de electores que podrán votar por primera vez en estas elecciones de medio mandato. Un argumento más para dejar claro que el voto hispano será esencial para que los republicanos mantengan el control de las dos cámaras legislativas o lo recuperen los demócratas.
El electorado hispano es diverso, no monolítico, pero le caracteriza la juventud. La edad media de los hispanos elegibles para votar es de 39 años, frente a los 45 años entre los votantes negros, 47 entre los asiáticos y 52 entre los blancos. El 30% de los votantes hispanos elegibles tiene entre 18 y 29 años, en comparación con el 20% del electorado general y el 17% de los blancos. Solo el 14% de los votantes hispanos elegibles ya ha cumplido los 65 años, frente al 24% del electorado general.
Su juventud agrega temas a los intereses de este grupo diferentes de los que predominan en las generaciones anteriores, como la violencia en Gaza y el cambio climático. Sin embargo, también han sufrido los efectos de la campaña antiinmigrante de Donald Trump, y les preocupa la economía, como a sus padres, pues han visto los efectos que el alto coste de la vida y las crueles detenciones han causado en sus hogares. Algunos son hijos de indocumentados y tienen familiares o amigos que han sido detenidos y abusados por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Otros han tenido que abandonar los estudios para asumir la carga económica y el cuidado de su familia.
Llegan a las midterms con el entusiasmo de hacerse oír. Tres de ellos han contado sus motivaciones y esperanzas de acudir por primera vez a las urnas en una elección nacional.

Madeline Cortez en una imagen sin datar.
Madeline Cortez, 19 años: “Votaré por la política migratoria y el derecho al aborto”
Madeline nació estadounidense. Su familia es de origen mexicano, pero se instaló en Texas y California hace muchos años. Cuando ella tenía tres, se mudaron al Estado de Maryland, donde ha residido hasta terminar sus estudios secundarios. Habla por videoconferencia desde su cuarto en la Universidad de Wisconsin, donde se acaba de mudar para empezar sus estudios sobre el medioambiente.
A sus 19 años se muestra muy incentivada para votar por primera vez. La principal razón: la agenda migratoria de la Administración de Donald Trump. El segundo mandato del presidente ha sido clave. “Fue la primera vez que realmente comprendí hasta qué punto la persona que ocupa el liderazgo influye en la vida cotidiana de la gente. Antes no creía que el voto supusiera una gran diferencia, pero tras observar el impacto directo que tuvo en la vida de tantas personas —para algunos llegó a ser una cuestión de vida o muerte—, mi perspectiva cambió”, declara.
Cuando era más pequeña, entre los nueve y los 12 años, ya le interesaba la política, un periodo que coincidió con la primera presidencia de Trump. “En las elecciones de 2016 me involucré muchísimo; siempre les hablaba de ello a mis amigos. Luego, cuando Biden fue elegido en 2020, me alejé un poco”, dice. “Supongo que ya no sentía tanto enojo”, argumenta.
Su actitud cambió con el regreso de Trump y ahora busca la mejor forma de luchar contra su racista gestión. Aunque casi toda su vida ha vivido en Maryland, ha preferido registrarse para votar en Wisconsin, porque cree que su voto, demócrata, será más valioso allí. Maryland es un Estado predominantemente demócrata, mientras que en Wisconsin Trump ganó en 2024 por un margen muy estrecho y es uno de los Estados relevantes para determinar quién controlará la Cámara de los Representantes.
Dos son los factores que más pesan en la decisión de Madeline: la política migratoria y el derecho al aborto. “Últimamente he estado investigando sobre dos temas: las políticas de deportación y el grado de cooperación que se mantiene con dicha agencia a nivel estatal, y las leyes sobre el aborto”, explica. “Quiero asegurarme de que estos derechos estén protegidos”, insiste.
En Maryland, Madeline vivía en el barrio de Silver Spring, en el condado de Montgomery, una zona donde residen muchos latinos. “En el vecindario detrás del mío, aparecían agentes del ICE con frecuencia. Hubo padres que tuvieron que pedir a otros que recogieran a sus hijos de la parada del autobús escolar porque habían visto a agentes del ICE por la zona. Fue algo realmente aterrador. Una locura”, expresa.
Cree que es posible que haya agentes migratorios desplegados en los centros de votación. “Si tienen el descaro de presentarse a las citas de inmigración de la gente, pues probablemente también tengan el descaro de presentarse en los centros de votación”, apunta.

Juan José Estrada posa para un retrato.
Juan José Estrada, 19 años: “Mi principal preocupación es el ICE”
Que no haya redadas del ICE y que la situación económica deje de ser tan asfixiante. Con esas dos preocupaciones en mente, Juan José Estrada, un joven californiano de 19 años, votó por correo por primera vez en unas elecciones federales. “Voté para que mis derechos estén garantizados. Estamos en un sistema que quiere quitarme mis derechos. También voté para tener una vida mejor”, dice.
Estrada nació en Michigan y hace una década su familia se mudó a California. Su madre nació en Los Ángeles y su padre emigró de México en 1999. Es el menor de tres hermanos y estudia ingeniería mecánica en una universidad pública de San Diego, cerca de la frontera entre California y México. Aspira a ser arquitecto.
Se identifica con el Partido Demócrata, al igual que el resto de su familia. “Todos estamos juntos, tenemos la misma ideología cuando votamos”, dice. Su explicación es tajante: “Porque los republicanos son racistas”. Entre los dos candidatos a la gubernatura de California, se decantó sin titubear por el demócrata Xavier Becerra, quien aspira a convertirse en el primer gobernador de origen hispano del Estado de la época moderna. A Becerra, dice Estrada, le pediría que “otorgue cobertura médica gratuita”.
Su opinión política está marcada, en buena medida, por los operativos del ICE, que describe como inhumanos y responsables de separar a numerosas familias migrantes. “Mi principal preocupación es el ICE. Quiero que los saquen de las calles. Es muy peligroso que hagan operativos, particularmente porque no tienen suficiente entrenamiento y son proclives a la violencia. Y muchos de ellos fueron contratados aunque se sabía que tenían antecedentes criminales”, sostiene.
Estrada comparte el temor de muchos: que una posible injerencia de Trump en los próximos comicios llegue al extremo de desplegar agentes migratorios en los centros de votación. “Me preocupa mucho”, dice. Para explicar ese temor, recurre a una lección que aprendió en la escuela: “Los nazis mandaron a oficiales a centros de votación para que votaran a su favor. Hoy el ICE es muy cercano al presidente. Es muy posible que él use a estos agentes para infundir miedo para que la gente vote hacia su lado”, comenta.

Christian Acosta en Washington.
Christian Acosta, 21 años: “Le pido a los candidatos que sean más honestos”
Nació en Honduras, pero a los tres años emigró con su madre y sus dos hermanos a Estados Unidos. Su padre había llegado allí antes con una visa de trabajo y había ahorrado lo suficiente para que su familia se juntara con él. Christian ha cumplido este mes 21 años y hace año y medio se naturalizó estadounidense. No fue fácil. Es el primer miembro de su familia que lo intenta y, además de las trabas burocráticas, debió hacer un gran esfuerzo económico para poder pagar el trámite, que le costó unos 900 dólares. “Es mucho dinero, es mucho tiempo, es muy complicado. Y también nos da mucho miedo hacerlo” apunta. Pero estaba determinado a conseguirlo “para sentirme un poco más seguro en este país, porque las cosas son muy difíciles para los latinos”, explica desde la oficina donde está trabajando temporalmente en Washington D. C.
Christian tuvo que usar parte del dinero que recibe para estudiar, pero afirma que conseguir la ciudadanía era muy importante. “Al principio sentí que, siendo ciudadano, el miedo se iba a ir, pero la verdad es que no ha sido así”, lamenta, “porque sabemos que podemos ser identificados racialmente por la policía federal”. “De verdad no importa qué tipo de papeles tienes, si ciudadanía, residencia legal o TPS (Estatus de Protección Temporal)”. Conoce a personas que han sido detenidas por el ICE y su tío fue deportado.
Cursa el tercer año en la Universidad John Hopkins, en Baltimore, Maryland, donde estudia salud pública y ciencias políticas, pero votará por correo en Texas, donde vive su familia y tiene su residencia permanente. Prefiere hacerlo en ese Estado porque la competencia es mayor allí que en Maryland. Este semestre trabaja en la organización LULAC ayudando en proyectos de interés para la comunidad hispana y divulgando información para ayudar a votar en las elecciones.
Su voto irá para los demócratas. Apoya al candidato para el Senado James Talarico porque cree que va a unir a la gente. Además, opina que su rival, el republicano Ken Paxton, “es bien corrupto”. Lo que le pide a los candidatos es “que sean más honestos” porque “el Congreso y los Estados están comprados por gente con poder, por gente con dinero”.
También apoyará a la demócrata Gina Hinojosa para sustituir a Greg Abbott como gobernador. Aunque no es su “candidata favorita”, votará contra la corrupción y a favor de que se mejore la educación pública porque “Gina es casi la única persona que ha hablado de la importancia de la educación como principal tema”. Christian subraya que no hay recursos en las escuelas públicas de Texas para los estudiantes.
Sus opiniones políticas no están en línea con las de su padre, quien apoya a Trump, por lo que prefiere no hablar del tema en casa. Cree que muchos latinos que respaldan al presidente se informan a través de las redes sociales donde se divulgan noticias falsas. Su padre trabaja en una compañía que fabrica material para extraer petróleo y su madre tuvo que dejar de trabajar por su diabetes, pero vende comida para tener ingresos extras. “A veces me siento mal, porque gano aquí lo mismo que mi padre, que trabaja mucho más duro que yo y al sol”, dice.
Christian opina que los hispanos no están bien representados en el Congreso y cree que debe haber más candidatos hispanos para que “tengan una mejor idea de lo que nuestra gente quiere”.

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